domingo, 21 de febrero de 2010

¿EL JUEGO ALIMENTA? …SÍ “panem et circenses”



En un ayer un tanto lejano, el de los 700 antes de Cristo, las letras dicen que en la antigua Grecia los primitivos jugaban para sobrevivir, el juego era un medio de preparación hacia la vida. Sabían que la curiosidad marcaba el desarrollo de la humanidad; entonces, cuando hoy colocamos una maraquita al lado del niño estamos convencidos de que ésta estimulará su curiosidad; ya lo hicieron los primeros con las vejigas de los cerdos o con la garganta de los pájaros, las cuales llenaban de piedra para convertirlas en sonajeros. En ese ayer, Platón y Aristóteles motivaron a padres a regalar juguetes a sus hijos para que aprendieran jugando, partiendo de que éstos debían llevar la intención de imitar las ocupaciones de la vida. Algunos juegos sin ánimo de resultados; otros colectivos que incluso marcaron estilo de clases sociales.

Hoy nos preguntamos ¿qué tanto ha evolucionado el juego o la actividad lúdica?, más allá de este interrogante, yo preguntó: ¿se le da, hoy, la importancia al juego? ¿Existe humanidad sin juego? Vigotsky, Piaget, Winnicott, entre otros, observadores, impulsaron la motivación hacia este encantador tema: el juego en todas las etapas evolutivas. De allí partieron muchos sicólogos, paidogogos, pedagogos y seguidores de la andragogía, término acuñado por Alexander Kapp y más tarde, Eugen Rosenback quienes nos aterrizan en la tarea de trabajar y mostrar que no sólo los comportamientos pueriles están marcados por lo lúdico; que en la adultez también se experimentan y se viven acciones que llegan a ser comparadas con esa edad inicial donde necesitábamos ser siempre motivados para despertar y reconocer el entorno, como lo planteó Piaget.

“Erase una vez…, Estaba la marisola…, Que pase el rey…, Los chocoritos,…, La lleva…, El escondido…, Timbol…,” …sí, ese también, y tanto otros con los cuales aprendimos lo que ahora sabemos y compartimos, quizás lo que más interiorizamos de ellos fue a convivir en sociedad, a relacionarnos, a perder el miedo, a dejar la timidez, a expresar un yo deseo, yo te regalo, yo te permito, yo te acompaño, yo te necesito. Hoy día, se reconoce la transcendencia del juego en el ser social; por eso evocamos cada instante que estuvimos juntos a nuestros familiares y amigos: cuando grillos y ranas escuchaban también esas historias, aunque de “espanto” o incertidumbre, que contaban los abuelos en los amplios y olorosos patios de pueblos y barrios; otros referían chistes, cuando sólo nos alumbraba la Osa Polar, los luceros o la luna, pero todo eso era fantástico: era lúdico; no obstante, los cambios sociales y urbanísticos de los pueblos llevaron a que los juegos se transformaran, hemos reemplazado al compañero de juego: al amigo, al hermano, al primo y …al abuelo; o mejor dicho a todos ellos los tenemos en “la falange de los dedos” y en un espacio de 17 y hasta de ocho pulgadas, nada inigualable a los espaciosos jardines y terrazas. Los estilos de vida han llevado a padres y madres, a maestros y gobernantes con plena conciencia o sin ella a restarle importancia a la actividad lúdica. Cada vez son menos los padres o adultos que leen cuentos o relatan historias a los niños o juegan con ellos; la mamá trabaja dentro y fuera,el poco tiempo que le queda lo dedica a “organizar la casa” y le entrega a su hijo al cuadro con luz y sonido y juntos pasan ratos: quizás el niño se ría, pelee, sienta y viva solo; de todo esto deviene un individuo carente de experiencia cultural (como lo afirma Winnicott), porque reemplazó el juego y dejó de crear posibilidades, de ser creativo, porque mutiló de alguna manera la experiencia con la cotidianidad.

El mercado muestra “opciones”, para eso están los medios: adiós al ejercicio del disfrute de la creación, atrás quedaron los caballitos fabricados, entre todos, con los palos viejos de las escobas, las muñequitas de trapos, los carritos elaborados con cualquier cajita de cartón: la tecnología se posesiona, entra triunfante, su uso exagerado no ayuda al individuo: lo adormece, lo aliena, lo inunda de monotonía y pasividad: el despertar del lenguaje se adormece por la falta de experiencias sociales, biológicas y sicológicas. Cada vez los juguetes que nos llegan son “más raros”, porque no son los nuestros, no son los héroes del trópico, no son los héroes del río, ni los personajes del carnaval, son de otros pueblos, de otras culturas: son extraños; esto nos lleva a vivir a través del juego cosas irreales de nuestra identidad, de nuestra realidad. En cambio si nos apropiamos de lo autóctono, la actividad del juego se tornaría más ejemplificante y por ende más gratificante.

Tanto padres como maestros estamos en la tarea de educar con intención de formación, el juego es un instrumento básico para este propósito; entonces, es necesario reconocer las manifestaciones culturales del entorno porque nos llevan a un mundo de ingenio y creación, lo que permite optimizar el desarrollo integral del ser. Muchas veces sin percatarse, el adulto marca desfavorablemente los estados psicológicos y de formación del niño; ejemplo cuando se le regala o se le permite el juego con elementos bélicos lo estamos llevando al deterioro del ser, porque este tipo de juguetes influyen en sus conductas y deterioran paulatinamente los estadios anímicos. Entonces, es ahí donde tenemos que brindar otras opciones y las hay muchas. Una salida a la playa puede convertirse en una gran vivencia de formación: se comparte, se escucha, se dialoga, se observa, se experimenta; se realizan actividades físicas, manuales, espirituales; en fin la creatividad está ahí, el ser humano por naturaleza está inclinado hacerlo pero tenemos que tentarla, hay que despertar: la rutina no es la mejor aliada.

Grandes investigaciones sobre la importancia del juego se han llevado hasta las esferas de la salud. La doctora Emma Plank, en 1944, introdujo los juegos en las salas de los hospitales infantiles, donde motivó a otros a seguir esta grata experiencia. Estableció una especie de red de recreación salubrista entre pacienticos, padres, familiares, médicos, enfermeras; donde cada uno desde su rol aportaba a las terapias lúdicas y los resultados arrojados fueron reconfortables para la salud de los infantes.

Desde entonces, no es raro ver una habitación de un hospital, en países como Canadá, Estados Unidos y Europa, convertida en ludotecas con personas preparadas y los recursos necesarios para ejecutar las terapias en pro y mejora de la salud.
No podía concluir sin reconocer que la familia y la escuela no son los únicos responsables del desarrollo sicosocial del niño, el estado por ley tiene el deber de brindarles a las familias el bienestar que se necesita para crecer en función del pleno desarrollo intelectual, afectivo y social de sus nacionales. Algunos gobernantes en su momento entendieron y aplicaron acciones lúdicas para gobernar, para formar en valores; tal es el caso del filósofo matemático Antanas Mockus, quien estratégicamente implementó pedagogía lúdica con la población bogotana.
Para muchos niños, es muy frustrante que su espacio urbano sea un muladar, que calles y andenes estén convertidos en basureros, que no existan en los barrios parques públicos, con columpios, árboles, gramas, canchas deportivas, salas de lecturas, teatrinos… para la recreación, para el juego, para el disfrute de la naturaleza; cierto día escuché muy cerca a una niña expresar: “mami, dónde queda la alcaldía, tengo que visitar al señor alcalde para que construya muchos parques aquí”. Indudablemente, que estos sitios son de infinita importancia en estos procesos de formación porque allí, a través de cualquier acción podemos detectar en el niño o adolescente dificultades físicas, comunicativas, sociológicas o sicológicas. Nuestros chiquitos, los más vulnerables, no tienen opciones porque sus escuelas estatales tampoco les brindan la posibilidad de recrearse en espacios propicios para el aprendizaje y la diversión con objetivo de formación, a través de lo lúdico.Finalmente, hay que recalcar que el juego como elemento de formación despierta la fascinación, reduce momentos estresantes, estimula el desarrollo del lenguaje; con él se adquiere coordinación sicomotora, control, autonomía y se demuestra conducta y personalidad. Me gustó escribir porque sentí que estaba jugando a ser escritora.

2 comentarios:

  1. me parece muy llamativa esta actividad ludica de los estudiantes fue una gran idea me encanto espero que a mis compañeros le haiga gustado la idea llamese obras u otros.att. lina salcedo 9ºb

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  2. pues a mi también me pareció muy bonito todas las actividades echas por los estudiantes los felicito

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